Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Art. 2. Para conocer las pasiones del alma es preciso distinguir sus funciones de las del cuerpo.
Considero, además, que no reparamos en que ningún sujeto obra más inmediatamente contra nuestra alma que el cuerpo al que está unida, y que por consiguiente debemos censar que lo que en ella es una pasión es generalmente en él una acción; de suerte que no hay mejor camino para llegar al conocimiento de nuestras pasiones que examinar la diferencia existente entre el alma y el cuerpo, a fin de conocer a cuál de los dos se debe atribuir cada una de las funciones que hay en nosotros.
Art. 3. Qué regla se debe seguir para este fin.
Lo cual no resulta muy difÃcil si se tiene en cuenta que todo aquello cuya existencia experimentamos en nosotros y que vemos que puede también existir en cuerpos completamente inanimados, no debe ser atribuido más que a nuestro cuerpo; y, por el contrario, todo lo que hay en nosotros y que no concebimos en modo alguno pueda pertenecer a un cuerpo, debe ser atribuido a nuestra alma.
Art. 4. El calor y el movimiento de los miembros proceden del cuerpo; los pensamientos, del alma.
