Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Para hacer esto más inteligible, explicaré aquà en pocas palabras la manera como está compuesta la máquina de nuestro cuerpo. No hay nadie ya que no sepa que hay en nosotros un corazón, un cerebro, un estómago, músculos, nervios, arterias, venas y cosas semejantes; se sabe también que los alimentos que comemos descienden al estómago y a las tripas, donde su jugo, yendo al hÃgado y a todas las venas, se mezcla con la sangre que éstas contienen, aumentando asà la cantidad de la misma. Los que han oÃdo hablar de medicina, por poco que sea, saben además cómo está constituido el corazón y cómo toda la sangre de las venas puede fácilmente circular de la vena cava al lado derecho del corazón, y de aquà pasar al pulmón por el vaso que se llama vena arterial, tornar luego del pulmón al lado izquierdo del corazón por el vaso llamado arteria venosa, y pasar finalmente de aquà a la gran arteria, cuyas ramificaciones se extienden por todo el cuerpo. Y todos los que no están enteramente ciegos por la autoridad de los antiguos y que han querido abrir los ojos para examinar la opinión de Hervaeus sobre la circulación de la sangre, están convencidos de que todas las venas y las arterias del cuerpo son como arroyos por donde corre la sangre continua y rápidamente, saliendo de la cavidad derecha del corazón por la vena arterial, cuyas ramificaciones se distribuyen por todo el pulmón y se unen a las de la arteria venosa, por la cual pasa del pulmón al lado izquierdo del corazón; de aquà va luego a la gran arteria, cuyas ramificaciones, esparcidas por todo el resto del cuerpo, se unen a las ramificaciones de la vena que llevan la misma sangre a la cavidad derecha del corazón; de suerte que estas dos cavidades son como esclusas por cada una de las cuales pasa toda la sangre a cada vuelta que ésta da en el cuerpo. Se sabe también que todos los movimientos de los miembros dependen de los músculos, y que éstos músculos están opuestos unos a otros, de tal suerte que cuando uno de ellos se contrae, tira hacia sà la parte del cuerpo a que va unido, lo cual hace distenderse al mismo tiempo el músculo opuesto; luego, si este último se contrae, hace que el otro se distienda y atraiga hacia sà la parte a que ambos están unidos. Se sabe, asimismo, que todos estos movimientos de los músculos, lo mismo que todos los sentidos, dependen de los nervios, que son como unas cuerdecitas o como unos tubitos que salen, todos, del cerebro, y contienen, como éste, cierto aire o viento muy sutil que se llama los espÃritus animales.