Meditaciones
Meditaciones Ahora bien: lo primero y principal que se necesita para conocer bien la inmortalidad del alma, es formar de ésta un concepto claro y nÃtido, enteramente distinto de todas las concepciones que podemos tener del cuerpo; esto es lo que se ha hecho aquÃ. Requiérese además saber que todas las cosas que concebimos clara y distintamente son verdaderas, del modo como las concebimos, cosa que no ha podido probarse hasta llegar a la cuarta meditación. Hace falta además tener una concepción distinta de la naturaleza corporal, concepción que se forma, parte en esta segunda y parte en la quinta y sexta meditaciones. Y, por último, de todo eso hay que concluir que las cosas que concebimos clara y distintamente como sustancias diversas, verbigracia, el espÃritu y el cuerpo, son en efecto sustancias realmente, distintas unas de otras, lo cual se ve en la sexta meditación; y esto se confirma también en esta misma meditación, porque no concebimos cuerpo alguno que no sea divisible, mientras que el espÃritu o el alma del hombre no puede concebirse sino indivisible: pues efectivamente, no podemos concebir media alma, cosa que podemos hacer con el más mÃnimo cuerpo; de suerte que se conoce que ambas naturalezas no sólo son diversas sino hasta contrarias en cierto modo. Y si no he tratado más por lo menudo esta materia en el presente escrito, ha sido porque basta para mostrar claramente que de la corrupción del cuerpo no se sigue la muerte del alma, y dar asà al hombre la esperanza de otra vida después de la muerte, y también porque las premisas de que puede deducirse la inmortalidad del alma dependen de la explicación de toda la fÃsica: primero, para saber que, en general, todas las sustancias, es decir, todas las cosas que no pueden existir sin ser creadas por Dios, son por naturaleza incorruptibles y no pueden nunca cesar de ser, como no las reduzca a la nada Dios, negándoles su concurso; y también para advertir que el cuerpo, tomado en general, es una sustancia, por lo cual tampoco perece: pero que el cuerpo humano, puesto que es diferente de los otros cuerpos, está compuesto de cierta configuración de miembros y otros accidentes semejantes, mientras que el alma humana no está compuesta de accidentes y es una sustancia pura. Pues aun cuando todos sus accidentes están sujetos a cambio, concibiendo, por ejemplo, ciertas cosas, queriendo otras y sintiendo otras, etc., sin embargo, el alma no cambia; el cuerpo humano, por el contrario, se torna cosa distinta con sólo que la figura de algunas de sus partes cambie, de donde se sigue que el cuerpo humano puede bien fácilmente perecer, pero el espÃritu o el alma del hombre (no los distingo) es inmortal por naturaleza.