Meditaciones
Meditaciones Y por cierto he notado que vosotros, señores, y todos los demás teólogos, no sólo afirmáis que la existencia de Dios puede probarse por razón natural, sino también que de la Sagrada Escritura se infiere que su conocimiento es mucho más claro que el que tenemos de varias cosas creadas, y que es, efectivamente, tan fácil, que los que carecen de él, son culpables; como aparece en estas palabras del libro de la Sabiduría, capítulo XIII, en donde se dice que su ignorancia no tiene perdón, pues si su espíritu ha penetrado tan adentro en el conocimiento de las cosas del mundo, ¿cómo es posible que no hayan reconocido tanto más fácilmente al Señor Soberano[44]?; y en los Romanos, capítulo I, se dice que son inexcusables; y en el mismo lugar dícense estas palabras: porque lo que de Dios se conoce, en ellos es manifiesto[45], las cuales parecen advertirnos que todo cuanto puede saberse de Dios es demostrable por razones, que no es preciso sacar de otra parte, sino de nosotros mismos y de la mera consideración de la naturaleza de nuestro espíritu. Por todo lo cual, he creído que no sería contrario a la obligación de un filósofo el explicar aquí cómo y por qué vía podemos, sin salir de nosotros mismos, conocer a Dios más fácilmente y más ciertamente que conocemos las cosas del mundo.