Cancion de Navidad
Cancion de Navidad Se encontraron en otro escenario y otro lugar; una habitación no muy grande ni elegante, pero muy acogedora. Sentada junto al fuego del invierno había una chica joven, tan parecida a la anterior que Scrooge creyó que era la misma, hasta que la vio, convertida ahora en una hermosa esposa, sentada frente a su hija. Se había armado un tumultuoso jaleo en la habitación, porque había más niños allí de los que Scrooge, en su estado de agitación mental, pudiera contar; y, a diferencia del celebrado poema[15], no eran cuarenta niños portándose como uno solo, sino que cada uno se portaba como si fuera cuarenta. El resultado era un increíble alboroto; a nadie parecía importarle, al contrario, la madre y la hija reían con ganas, lo estaban disfrutando mucho; y esta última pronto se unió a los juegos, para ser atacada despiadadamente por los pequeños bandidos. ¡Lo que habría dado por ser uno de ellos! Aunque yo nunca podría haber sido tan bruto, no. No podría haber tirado, por toda la riqueza del mundo, de esa trenza y haberla deshecho. Y ni para salvar mi vida habría arrancado ese zapatito precioso, ¡Dios me libre! En cuanto a abrazar su cintura en el juego, como lo hacía ese audaz grupo de niños, no habría sido capaz; habría temido que mi brazo quedara curvado como castigo y que jamás lo pudiera estirar de nuevo. Pero cómo me habría gustado, lo confieso, tocarle los labios, hacerle preguntas para que los abriera; haberle contemplado las pestañas alicaídas sin hacerle ruborizar; haberle desatado las ondas de su cabello, del que una simple pulgada habría sido un inestimable recuerdo. En fin, me habría gustado, lo confieso, tener la mínima licencia de un niño, y, sin embargo, ser lo suficientemente hombre para reconocer su valor.