Casa desolada
Casa desolada Conocía tan bien las expresiones del rostro de mi ángel, y era un rostro tan transparente en su belleza, que estaba segura de antemano de que no podría disimularme su primera impresión. Y me pregunté si en caso de que registrase alguno de esos significados, lo cual era muy probable, cuál sería mi reacción.
Bueno, pensé que podría sorportarla. Después de lo de anoche, pensé que sí. Pero el estar esperando y esperando, imaginando e imaginando cosas, era tan mala forma de prepararme, que decidí adelantarme a encontrarla por la carretera.
Así que le dije a Charley:
—Charley, voy a adelantarme yo sola por la carretera hasta que llegue Ada. —Y como Charley aprobaba complacida todo lo que pudiera agradarme, me fui y la dejé en la casa.
Pero antes de llegar a la segunda piedra miliar ya había sentido tantas palpitaciones cada vez que veía polvo a lo lejos (aunque sabía que no era la diligencia ni podía serlo todavía) que decidí desandar camino y volver a casa. Y cuando me di la vuelta, me dio tanto miedo que la diligencia me llegara por detrás (aunque seguía sabiendo que ni llegaría ni podía llegar) que hice la mayor parte del camino corriendo, para que no me pudiera alcanzar.