Casa desolada
Casa desolada Yo le hubiera contado todo lo que decía la carta de mi madre, pero él no quiso escucharlo entonces. Me habló con tanto cariño y tanta sabiduría, y me explicó con tanta claridad todo lo que yo había pensado imperfectamente y esperado en mis mejores momentos, que, pese a toda la ferviente gratitud que había sentido por él a lo largo de tantos años, creo que nunca lo quise tanto, nunca le estuve tan agradecida en mi corazón como aquella noche. Y cuando me llevó a mi cuarto y se despidió de mí con un beso, y cuando por fin me acosté, lo único en que pensé fue en cómo podría jamás hacer lo suficiente, jamás ser lo bastante buena, cómo en mi modestia podía jamás olvidarme lo bastante de mí misma, consagrarme lo suficiente a él y ser lo suficientemente útil a los demás, como para demostrarle hasta qué punto lo bendecía y lo honraba.