Casa desolada
Casa desolada —Puede que sea asà con el abogado —repliqué—, pero desde que empezó esta preocupación me he acordado de otras dos personas —y le conté todo lo relativo al señor Guppy, quien yo temÃa hubiera abrigado vagas suposiciones cuando yo no entendÃa a qué se referÃa, pero en cuyo silencio tras nuestra última entrevista expresé total confianza.
—Bien —dijo mi Tutor—. Entonces podemos descontarlo de momento. ¿Quién es la otra?
Le recordé a la doncella francesa, y la forma tan insistente en que se me habÃa ofrecido.
—¡Ja! —exclamó pensativo—, esa persona me alarma más que el pasante. Pero, después de todo, querida mÃa, no hacÃa más que buscar colocación. HacÃa poco que os habÃa visto a ti y a Ada, y era natural que le vinierais a la cabeza. No hizo más que proponerse como doncella tuya. No hizo nada más.
—Actuó de forma muy rara —dije.