Casa desolada
Casa desolada LA PISTA
El señor Bucket y su grueso dedo índice están celebrando muchas consultas, dadas las circunstancias. Cuando el señor Bucket tiene un asunto de gran interés en estudio, el grueso dedo índice parece adquirir la categoría de un demonio familiar. Se lo lleva a los oídos, y el índice le susurra información; se lo lleva a los labios, y el índice le aconseja discreción; se lo pasa por la nariz, y el índice le aguza el olfato; lo sacude ante un culpable, y el índice lo seduce para que confiese. Los Augures del Templo de los Detectives predicen invariablemente que cuando el señor Bucket y su índice celebran una conferencia, falta poco para que se tengan noticias de una terrible venganza.
El señor Bucket, que en otros respectos es moderadamente estudioso de la naturaleza humana, que en general es un filósofo benigno, y que no está dispuesto a ser demasiado severo con las locuras de la Humanidad, invade gran número de casas y recorre una infinidad de calles, y a ojos de un observador ignorante, se pasea porque no tiene nada mejor que hacer. Actúa de la manera más amistosa con sus congéneres, y está dispuesto a beber con la mayor parte de ellos. Es liberal con su dinero, afable en sus modales, inocente en su conversación, pero en esta plácida corriente de su vida siempre flota por debajo la otra corriente: la del índice.