Casa desolada
Casa desolada —Andaba con prisas —responde el señor Bucket—, porque iba a ver a una tÃa mÃa que vive en Chelsea, a dos puertas de la antigua Bun House, una señora que ya tiene noventa años, es soltera y tiene algunos bienes. SÃ, pasaba por casualidad a aquella hora. ¿Qué hora era? TodavÃa no habÃan dado las diez.
—Las nueve y media.
—Tiene usted razón. Eso era. Y, si no me engaño, llevaba una capa negra suelta con flecos muy largos, ¿verdad?
—Claro que sÃ.
Claro que sÃ. El señor Bucket tiene que volver arriba a terminar unas cosillas, pero antes ha de darle la mano a Mercurio en agradecimiento por una conversación tan agradable y le pregunta (no pide más) si cuando tenga un rato libre pensará en concedérselo a ese escultor de la Academia de Bellas Artes que le ha dicho, lo cual serÃa beneficioso para ambas partes.