Casa desolada
Casa desolada REVIENTA UNA MINA
Restaurado por el sueño, el señor Bucket se levanta por la mañana y se prepara para pasar un día muy ocupado. Acicalado tras ponerse una camisa limpia y aplicarse al pelo un cepillo húmedo, instrumento con el cual, en las ocasiones de ceremonia, se lubrica los escasos rizos que le quedan tras una vida de intenso estudio, el señor Bucket ingiere un desayuno de dos chuletas de cordero para empezar, junto con té, huevos, tostada y mermelada, en escala correspondiente. Tras disfrutar mucho con esta forma de recuperar sus fuerzas, y tras una conferencia sutil con su demonio familiar, encarga confiado a Mercurio que «se limite a mencionar a Sir Leicester Dedlock, Baronet, que cuando esté dispuesto a verme, yo estoy dispuesto a verlo a él». Cuando le llega el amable mensaje de que Sir Leicester se apresurará a vestirse y se reunirá con el señor Bucket en la biblioteca dentro de diez minutos, el señor Bucket se dirige a ese aposento y se queda ante el fuego, con el índice apoyado en la barbilla, contemplando los carbones ardientes.