Casa desolada
Casa desolada Es ella, en relación con la cual, salvo en el sentido de haber sido desde hace años una fibra básica de las raíces de la dignidad y el orgullo de él, jamás ha tenido un pensamiento egoísta. Es ella, a quien ha admirado, honrado, amado y erigido un pedestal para que la respete el mundo entero. Es ella, quien en medio de todas las formalidades y los convencionalismos rígidos de su vida, ha sido una reserva de ternura y de amor, susceptible como ninguna otra cosa en el mundo de padecer la agonía que sufre él. La ve, hasta casi borrarse él mismo, y no puede soportar el verla caída del pedestal que tan bien adornaba.
E incluso en el momento en que cae al suelo, inconsciente ya de su sufrimiento, puede seguir pronunciando su nombre de manera casi clara en medio de esos ruidos incoherentes, y en un tono de dolor y de compasión, y no de reproche.