Casa desolada
Casa desolada —¿Permite Su SeñorÃa? Actúo yo en su nombre. Se trata de un primo lejano. De momento no puedo informar al Tribunal de cuál es el grado de parentesco, pero es su primo.
Tras dejar que este discurso (pronunciado como un mensaje de ultratumba) resuene hasta las vigas del techo, el abogado bajito se deja caer en el asiento y desaparece en la niebla. Todo el mundo lo busca. Nadie lo ve.
—Voy a hablar con los dos jóvenes —vuelve a hablar el Canciller— para ver si procede que pasen a residir con su primo. Hablaré del asunto cuando vuelva a la Sala, mañana por la mañana.