Casa desolada
Casa desolada —De hecho, me ha resultado tan difÃcil —continúa— tener una idea de lo que estaba tramando esa persona junto con otras que hasta la pérdida que todos deploramos, me sentÃa a punto del K. O. (expresión que, como Su SeñorÃa se mueve en cÃrculos más elevados que los mÃos, debe comprender que equivale a fuera de combate). También Small (nombre por el que me refiero a otra persona, a un amigo mÃo que Milady no conoce) se puso tan reservado y tan doble que a veces me costaba trabajo no echarle las manos al cuello. Sin embargo, gracias al ejercicio de mi humilde capacidad y con la ayuda de un amigo mutuo llamado señor Tony Weevle (que tiene gustos muy aristocráticos y que siempre cuelga en su habitación el retrato de Milady), he percibido ya motivos de aprensión que son por lo que vengo a poner en guardia a Milady. Primero, ¿me permite Milady preguntarle si ha tenido algún visitante extraño esta mañana? No me refiero a visitantes del gran mundo, sino, por ejemplo, a visitantes como la antigua criada de la señorita Barbary o a una persona incapacitada de sus miembros inferiores a quien tienen que llevar en brazos para subir las escaleras, como un muñeco.
—¡No!