Casa desolada
Casa desolada Ya no tengo casa. No te voy a abrumar más. Ojalá puedas, en tu justo resentimiento, olvidar a esta mujer indigna en la que has desperdiciado un cariño generosÃsimo, y que al evitarte sólo experimenta una vergüenza más profunda que la que le hace huir de sà misma, y que te escribe este último adiós.
Se pone a toda prisa un velo y un vestido, abandona todas sus joyas y su dinero, escucha, baja las escaleras en un momento en que vestÃbulo está vacÃo, abre y cierra la enorme puerta y se pierde en medio del viento frÃo y cortante.