Casa desolada
Casa desolada Logré decir que él era mucho más competente que yo, para decidir lo que debÃamos hacer, pero ¿estaba seguro de que Ãbamos por el buen camino? ¿No podrÃa yo adelantarme en busca de…, y volvà a tomarlo de la mano, apurada, y se lo susurré: de mi propia madre?
—Hija mÃa —me respondió—, lo sé, lo sé, ¿y cree usted que serÃa yo capaz de hacerle daño? Soy el Inspector Bucket. Ya me conoce, ¿no?
¿Qué podÃa decir yo más que sÃ?
—Entonces, mantenga usted el ánimo todo lo que pueda y confÃe en mà para hacerlo lo mejor posible, tanto por usted como por Sir Leicester Dedlock, Baronet. ¡Eh! ¿Vamos bien por ahÃ?
—¡Perfectamente, jefe!
—Entonces, sigamos. ¡Adelante, muchachos!
Nos encontramos otra vez en el lúgubre camino por el que habÃamos venido, pisoteando el barro resbaladizo y la nieve, que se derretÃa a chorros, como movida por una noria.