Casa desolada
Casa desolada UN DÍA Y UNA NOCHE DE INVIERNO
Todavía impasible, como corresponde a su elevada condición, la casa de los Dedlock en la capital se comporta como de costumbre ante la calle de grandiosidad lúgubre. De vez en cuando se asoman cabezas empolvadas a las ventanillas del vestíbulo, a contemplar el polvo, que no paga impuestos[95], y que cae durante todo el día del cielo; y en ese mismo invernadero hay unos capullos de melocotón que se vuelven exóticamente hacia la gran chimenea del salón para no ver el tiempo inclemente que hace fuera. Se ha dicho que Milady ha ido a Lincolnshire, pero se prevé que vuelva dentro de poco.
Sin embargo, los rumores, siempre tan ocupados, no están dispuestos a irse a Lincolnshire. Persisten en correr y parlotear por toda la ciudad. Saben que ese pobre Sir Leicester, tan infortunado, ha sido utilizado sin piedad. Escuchan, hijos míos, todo tipo de cosas chocantes. Todo ello hace que ese mundo de cinco millas de diámetro se divierta mucho. El no saber que algo va mal con los Dedlock es convertirse en un donnadie. Una de las bellezas de mejillas amelocotonadas y gargantas de esqueleto ya está al tanto de todas las principales circunstancias que van a revelarse en la Cámara de los Lores cuando Sir Leicester solicite el divorcio.