Casa desolada

Casa desolada

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Está lloviendo desde hace tanto tiempo y con tal intensidad allá en Lincolnshire, que la señora Rouncewell, la vieja ama de llaves de Chesney Wold, se ha quitado las gafas varias veces para limpiarlas, a fin de asegurarse de que las gotas que veía no estaban en las lentes. La señora Rouncewell podría haberse asegurado perfectamente con el ruido de las gotas, salvo que es bastante sorda, aunque nadie puede convencerla de ello. Es una bella anciana, de gran presencia, maravillosamente limpia, y tiene una espalda y un peto tales que si cuando muera resulta que su corsé no estaba hecho de ballenas, sino con los hierros de una vieja parrilla de chimenea familiar, nadie de los que la conocen tendrían motivos para sentirse sorprendido. El tiempo afecta poco a la señora Rouncewell. La casa está ahí, haga el tiempo que haga, y, como dice ella, «sólo tiene ojos para la casa». Está sentada en su habitación (en un pasillo lateral del piso bajo, con una ventana en arco que da a un patio muy ordenado, adornado a intervalos regulares con árboles bien redondeados y bloques redondos de piedra, como si los árboles fueran a jugar a los bolos con las piedras), y en su mente reposa toda la casa. Puede abrirla a veces, y sentirse muy ocupada y activa, pero ahora está cerrada, y yace en la amplitud del seno acorazado de la señora Rouncewell, en un sueño majestuoso. Lo más parecido que hay a la imposibilidad absoluta es imaginar Chesney Wold sin la señora Rouncewell, pero ésta no lleva allí más que cincuenta años. Preguntadle cuánto tiempo hace que lleva allí, en este día lluvioso, y os responderá: «Cincuenta años, tres meses y dos semanas, bien lo sabe el Cielo, si es que llego hasta el martes». El señor Rouncewell murió algo antes de que desapareciera la bonita moda de que los hombres llevaran coleta, y modestamente escondió la suya (si es que se la llevó consigo) en una esquina del cementerio del parque, cerca del porche musgoso. Había nacido en el pueblo de al lado, igual que su joven esposa. La carrera de ésta en la familia empezó en tiempos del Sir Leicester anterior, y se originó en la despensa.


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