Casa desolada
Casa desolada Por lo demás, para Volumnia la vida en Lincolnshire es un inmenso vacÃo de casa demasiado grande que contempla unos árboles que suspiran, se retuercen las manos, menean las cabezas y derraman sus lágrimas sobre las ventanas en monótonas depresiones. Un laberinto de grandeza que parece menos la propiedad de una familia antigua de seres humanos y sus imágenes fantasmales que una familia de ecos y truenos que salen de sus cien tumbas al menor sonido y siguen resonando por todo el edificio. Un desierto de pasillos y escaleras sin utilizar, en el cual si un peine cae al suelo de un dormitorio por la noche, su eco recorre toda la casa como una pisada sigilosa. Un lugar por el que a poca gente le gusta desplazarse sola, donde una doncella rompe a gritar si cae un ascua del fuego, se aficiona a llorar en todo momento y en toda ocasión, cae vÃctima de desórdenes espirituales, se despide y se marcha.
Asà va Chesney Wold. Con una parte tan grande abandonada a la oscuridad y la desocupación, con tan pocos cambios bajo la luz del verano o las sombras del invierno, siempre tan sombrÃo y tan silencioso, sin que ondeen banderas sobre él durante el dÃa, ni brillen en él luces durante la noche, sin familia que vaya y venga, sin visitantes que den alma a las formas frÃas y pálidas de los aposentos, sin un gesto de vida; incluso a ojos de un extraño han muerto la pasión y la vida en esa casa de Lincolnshire, y se han rendido a un reposo inerte.