Casa desolada

Casa desolada

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—Y allí mismo murió. Y desde aquellos días —continúa la señora Rouncewell— se ha mantenido el nombre del Paseo del Fantasma. Si el paso es un eco, es un eco que sólo se oye después de oscurecer, y que muchas veces permanece mucho tiempo sin oírse. Pero vuelve de vez en cuando y, desde luego, cuando hay una enfermedad o una muerte en la familia, entonces se oye.

—¿Y el deshonor, abuela? —pregunta Watt.

—Nunca ha habido deshonor en Chesney Wold —replica el ama de llaves.

Su nieto se retracta:

—Es verdad. Es verdad.

—Y ésa es la historia. Sea lo que sea ese ruido, es preocupante —dice la señora Rouncewell, levantándose de su asiento—, y lo que es más notable es que es imposible no oírlo. Milady, que no tiene miedo a nada, reconoce que cuando suena es imposible no oírlo. No es posible hacerle oídos sordos. Watt, detrás de ti hay un reloj francés (que está puesto ahí adrede) que suena muy alto cuando está en movimiento y que toca una música. ¿Entiendes cómo se hacen esas cosas?

—Creo que bastante bien, abuela.

—Dale cuerda.

Watt le da cuerda y se pone a sonar, con su música y todo.


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