Casa desolada
Casa desolada Por eso se ha ido Milady Dedlock de su residencia de Lincolnshire y la ha dejado abandonada a la lluvia, y a los cuervos, y a los conejos, y a los ciervos, y a las perdices, y a los faisanes. Los cuadros de los Dedlock del pasado parecen haberse hundido en las paredes húmedas de puro desaliento, cuando pasa la anciana ama de llaves por los viejos salones y va cerrando las persianas. Y los rumores del gran mundo —que al igual que el Enemigo son omniscientes en cuanto al pasado, y al presente, pero no en cuanto al futuro— no se comprometen todavÃa a decir cuándo volverán a salir de las paredes.
Sir Leicester Dedlock no es más que un baronet, pero no hay baronet más poderoso que él. Su familia es tan antigua como Matusalén, e infinitamente más respetable que él. Él opina, en general, que el mundo podrÃa privarse muy bien de los matusalenes, pero que se acabarÃa sin los Dedlock. EstarÃa dispuesto, en general, a reconocer que la Naturaleza es una buena idea (quizá un poco vulgar cuando no está encerrada por la verja de un parque), pero una idea cuya ejecución depende de las grandes familias de cada condado. Es un caballero de conciencia estricta, que desdeña todo lo que sea pequeño y mezquino y que estarÃa dispuesto a morir, inmediatamente, como fuera, antes que dar ocasión a cualquier crÃtica a su integridad. Se trata de un hombre honorable, obstinado, veraz, de altos ideales, intensos prejuicios, de un hombre perfectamente irracional.