Casa desolada
Casa desolada —¡Corra, Flite, corra! ¡El doctor que haya más cerca! ¡Vaya corriendo! —es lo que dice Krook a una mujercita loca que es su huésped femenino, que aparece y desaparece en un instante y vuelve en seguida acompañada de un médico malhumorado arrancado a su cena, con el bigote manchado de tabaco y un marcado acento escocés.
—¡Pues sÃ! Bendita sea su alma —dice el médico mirándolos tras hacer un reconocimiento rápido—. Está más muerto que un Faraón.
El señor Tulkinghorn, que se halla junto al portamantas, pregunta si hace algún tiempo que ha muerto.
—¿Algún tiempo, señor mÃo? —pregunta el médico—. Lo más probable es que lleve muerto unas tres horas.
—Más o menos eso, dirÃa yo —observa un joven de pelo negro desde el otro lado de la cama.
—¿También pertenece usted a la clase médica, caballero? —pregunta el primero.
El joven moreno dice que sÃ.
—Entonces me marcho —replica el otro—, porque aquà yo no puedo hacer nada —con cuya observación termina su breve visita y se vuelve a casa a terminar de cenar.