Casa desolada
Casa desolada —¡No lo sé, señor Jarndyce de Casa Desolada! —contestó el viejo, poniéndose las gafas en la frente y frotándose las manos—. No creo que lo fuera a hacer nadie…, ¡pero prefiero confiar en mà mismo antes que en otro!
Aquellas respuestas y sus modales eran lo bastante raros como para hacer que mi Tutor preguntara al señor Woodcourt, mientras nos paseábamos juntos por Lincoln’s Inn, si era verdad, como decÃa su inquilina, que el señor Krook estaba perturbado. El joven médico dijo que no habÃa advertido nada que lo indicara. Era muy desconfiado, como suele ocurrir entre los ignorantes, y siempre estaba más o menos intoxicado de ginebra pura, que bebÃa en grandes cantidades, y a la que olÃan mucho él mismo y su trastienda, como quizá hubiéramos observado, pero no creÃa que estuviera perturbado todavÃa.