Casa desolada

Casa desolada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El señor Jarndyce había caído en medio de aquella gente por causa de su buen corazón y por su sincero deseo de hacer todo el bien que le fuera posible, pero también él consideraba que se trataba demasiado a menudo de una compañía insatisfactoria, cuya benevolencia adoptaba formas espasmódicas, cuya caridad era algo asumido, como un uniforme, por profesorzuelos vociferantes y por especuladores que aspiraban a la fama, vehementes en sus profesiones de fe, inconstantes y vanos en la acción, serviles hasta el último grado de mezquindad ante los grandes, aduladores los unos de los otros, e insufribles para quienes verdaderamente deseaban ayudar a los débiles a no hundirse, en lugar de levantarlos un poco con grandes exclamaciones y autoelogios cuando ya estaban caídos, según nos dijo con toda claridad. Cuando el señor Gusher organizó un homenaje al señor Quale (a quien ya le había organizado uno el señor Gusher), y cuando el señor Gusher estuvo hablando una hora y media del tema, en una reunión a la que asistieron dos escuelas de niños y niñas pobres, a quienes se recordó en especial el subsidio de las viudas, y a quienes se pidió que contribuyeran con sus medios peniques y que hicieran sacrificios aceptables, creo que sopló viento de Levante durante tres semanas seguidas.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker