Casa desolada

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Lo primero que hace es levantar la moneda hacia la luz de gas y se queda atónito al ver que es amarilla: oro. Lo segundo es darle un mordisco de lado en uno de los bordes, para ver si es buena. Luego se la mete en la boca para ponerla a buen recaudo y se pone a barrer los escalones y el pasaje con gran cuidado. Una vez hecho su trabajo, se dirige a Tomsolo y se va parando a la luz de innumerables faroles de gas a sacar la moneda de oro y darle otro mordisco de lado, para reasegurarse de que es de verdad.

El Mercurio empolvado no es necesario a la sociedad esta noche, pues Milady sale a una cena de gala y a tres o cuatro bailes. Sir Leicester está nervioso, allá en Chesney Wold, sin más compañía que la gota; se queja a la señora Rouncewell de que la lluvia hace un tableteo tan molesto en la terraza que no puede leer el periódico, ni siquiera junto a la chimenea de su cómodo vestidor.

—Sir Leicester hubiera debido probar el otro lado de la casa, querida mía —dice a Rosa la señora Rouncewell—. Su vestidor está del lado de Milady. ¡Y en toda mi vida he oído los pasos del Paseo del Fantasma con tanta claridad como hoy!



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