Casa desolada
Casa desolada Si escribo estas opiniones no es porque crea que tal o cual cosa haya de ser así porque yo lo piense, sino únicamente porque era lo que pensaba, y quiero ser totalmente sincera acerca de todo lo que pensaba y hacía. Eso era lo que pensaba yo de Richard. Además, muchas veces me parecía observar cuánta razón había tenido mi Tutor en lo que había dicho, y que las incertidumbres y los retrasos en el pleito de la Cancillería habían impartido a su carácter algo de ese ánimo despreocupado del jugador, que se consideraba parte de una gran partida de azar.
Una tarde que mi Tutor no estaba en casa vinieron de visita el señor Bayham Badger y su esposa, y en el curso de la conversación, naturalmente, les pregunté por Richard.
—Pues el señor Carstone —dijo la señora Badger— está muy bien, y le aseguro que es una gran adquisición para nosotros. El Capitán Swosser solía decir de mí que en el comedor de los guardiamarinas yo era una influencia mejor que la vista de tierra y el viento en popa cuando la carne que compraba el sobrecargo se ponía más dura que las empuñaduras de barlovento de la cofa del trinquete. Era su forma marinera de decir en general que yo era una buena adquisición para cualquier compañía. Estoy segura de que lo mismo puedo decir yo del señor Carstone. Pero… ¿no me creerá usted demasiado prematura si le digo una cosa?