Casa desolada
Casa desolada Dije que no, ya que el tono insinuante de la señora Badger parecÃa requerir esa respuesta.
—¿Y la señorita Clare tampoco? —preguntó con voz dulce la señora Badger.
Ada también dijo que no, con aire intranquilo.
—Pues verán, amigas mÃas —dijo la señora Badger—. ¿Me permiten que las llame amigas mÃas?
Rogamos a la señora Badger que no se preocupara.
—Porque verdaderamente lo son ustedes, si me permiten tomarme esa libertad —continuó diciendo la señora Badger—; son ustedes encantadoras. Pues verán, amigas mÃas, como todavÃa soy joven, o por lo menos el señor Badger me hace el cumplido de decÃrmelo…
—¡No! —exclamó el señor Badger como el que interviene para interrumpir en una reunión pública—. ¡En absoluto!
—Muy bien —sonrió la señora Badger—, digamos que todavÃa soy joven.
—Sin duda alguna —dijo el señor Badger.