Casa desolada
Casa desolada —En casa de la pobre señorita Flite —dijo Caddy—. Alguien que se ha portado muy bien con ella, que se marchó hace media hora a tomar un barco, y que dejó estas flores. ¡No, no! No te las quites. ¡Déjalas ahÃ, son tan bonitas! —añadió Caddy, ajustándolas con mano cuidadosa—, porque yo estaba presente, ¡y no me extrañarÃa que Alguien las dejara adrede!
—¿Es lo que parecen? —preguntó Ada, que llegó risueña a mis espaldas y me tomó alegremente por la cintura—. ¡Ah, desde luego que sÃ, señora Durden! Eso es exactamente lo que parecen. ¡Desde luego que sÃ, cariño!