Casa desolada
Casa desolada HAY QUE CIRCULAR
Son vacaciones de verano en las regiones de Chancery Lane. Las buenas naves del Derecho y la Equidad, esos clippers de teca con quilla de cobre, remaches de hierro y superficies de bronce, que no son los más rápidos del mundo precisamente, están fondeados en conserva. El Holandés Errante, con una tripulación de clientes fantasmales que imploran a todo el que encuentran que mire sus papeles, está de momento a la deriva. El cielo sabe dónde. Todos los tribunales están cerrados; las oficinas públicas yacen sumidas en un sueño caliente; el propio Westminster Hall se halla sumido en una soledad sombría, en la que podrían cantar los ruiseñores y por la que se pasean unos pretendientes más solícitos de los que se suelen hallar en los pleitos.