Casa desolada
Casa desolada En toda la ciudad no queda más que un Magistrado, e incluso éste no viene a las salas de los tribunales más que dos veces por semana. ¡Si lo pudiera ver la gente de las pequeñas ciudades que recorre en su circuito judicial! Ahora no lleva peluca blanca, ni túnica roja, ni pieles, ni va rodeado de maceros, ni de portadores de la vara de la justicia. No se trata más que de un caballero bien rasurado, con pantalones blancos y un sombrero blanco, cuyo judicial rostro está bronceado de la playa, cuya judicial nariz está pelada por los rayos del sol, que visita la marisquerÃa camino de su trabajo y se bebe una cerveza de jengibre bien frÃa.