Casa desolada
Casa desolada Por lo demás, es un inquilino tranquilo, lleno de trucos y recursos útiles, como ya se ha mencionado, que sabe cocinar y limpiar por sí solo, además de hacer trabajos de carpintería, y que va manifestando tendencias sociables cuando caen sobre la plazoleta las sombras del atardecer. En esas horas, cuando no recibe la visita del señor Guppy, o de una miniatura de éste a la que casi no se ve bajo su chistera oscura, sale de su cuarto gris (donde ha heredado el escritorio lleno de manchas de tinta) y charla con Krook, o «es muy campechano», como dicen encomiásticamente en la plazoleta de todo el que esté dispuesto para la charla. En consecuencia de lo cual, la señora Piper, primera dama de la plazoleta, se siente impulsada a hacer dos observaciones a la señora Perkins: la primera es que si su Johnny se dejara las patillas, ojalá que fuesen como las de ese joven, y la segunda, «y tome nota de lo que le digo, señora Perkins, y no se sorprenda, ¡pero no me extrañaría nada que ese joven acabe por ser el heredero del señor Krook!».