Casa desolada

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Nos miramos los tres, casi riéndonos al ver que estábamos en la mayor ignorancia, cuando se nos acercó una viejecita extraña, tocada con un sombrero estrecho y que llevaba un ridículo, llena de reverencias y sonrisas y con aire de gran ceremonia.

—¡Ah! —exclamó—. ¡Los pupilos de Jarndyce! ¡Pero qué gran placer es tener el honor! Es un buen augurio para la juventud, la esperanza, y la belleza, el hallarse juntas aquí, y no saber lo que va a ocurrir después.

—¡Está loca! —dijo Richard, creyendo que no lo oiría.

—¡Exacto! Loca, jovencito —respondió ella con tal rapidez que Richard se sintió muy avergonzado—. Yo también tuve un tutor en tiempos. Entonces no estaba loca —dijo con una gran reverencia y con una sonrisa entre cada frase—. Tenía juventud y esperanzas, y creo que belleza. Ahora ya no importa. Ninguna de las tres cosas me sirvió de nada, ni me salvó. Tengo el honor de asistir regularmente a los Tribunales. Con mis documentos, espero que se emita el juicio. Dentro de poco. El Día del Juicio. He descubierto que el sexto sello que se menciona en el Apocalipsis es el Gran Sello[15]. ¡Hace mucho tiempo que se abrió! Les ruego acepten mi bendición.


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