Casa desolada
Casa desolada —Y le tengo que decir, señorita —dijo Charley palmoteando mientras le corrÃan las lágrimas por las mejillas llenas de hoyuelos—, que Tom está en la escuela, ¡y aprende mucho! Y la pequeña Emma está con la señora Blinder, donde la cuidan muy bien. Y Tom habrÃa estado en la escuela, y Emma con la señora Blinder, y yo aquÃ, mucho antes; sólo que el señor Jarndyce pensó que era mejor que Tom y Emma y yo era mejor que nos fuéramos acostumbrando a estar separados, porque éramos muy pequeños. ¡Por favor, señorita, no llore!
—No puedo evitarlo, Charley.
—No, señorita, y yo tampoco —dijo Charley—. Con su permiso, señorita, le traigo el cariño del señor Jarndyce y él cree que a lo mejor le gusta a usted darme lecciones de vez en cuando. Y con su permiso Tom y Emma y yo nos vamos a ver una vez al mes. Y estoy muy contenta y muy agradecida, y voy a tratar de ser la mejor doncella del mundo —exclamó Charley emocionada.
—¡Ay, Charley, hija mÃa, no olvides nunca quién ha hecho todo esto!
—No, señorita; nunca lo olvidaré. Ni Tom. Ni Emma. Fue todo usted, señorita.
—Yo no sabÃa nada. Fue el señor Jarndyce, Charley.