Casa desolada

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CAPÍTULO XXIV

UN CASO EN RECURSO

En cuanto Richard y yo celebramos la conversación que ya he relatado, Richard comunicó su estado de ánimo al señor Jarndyce. Dudo de que mi Tutor se sintiera totalmente sorprendido al recibir aquella declaración, aunque le causó gran inquietud y desencanto. Él y Richard solían encerrarse juntos, a última hora de la noche y primera de la mañana, y pasaban días enteros en Londres, además de tener innumerables citas con el señor Kenge y de hacer un sinfín de gestiones desagradables. Mientras estaban ocupados en todo aquello, mi Tutor sufrió considerables incomodidades debidas a las rachas de viento, y se frotó la cabeza con tal constancia que jamás tenía ni un solo pelo en su sitio, pero estuvo tan afable como siempre con Ada y conmigo, aunque mantuvo una reserva constante respecto de aquellos asuntos. Y como todos nuestros esfuerzos no podían extraer del propio Richard sino seguridades generales de que todo marchaba a las mil maravillas y de que por fin estaba todo en orden, no nos tranquilizaba demasiado.




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