Casa desolada
Casa desolada Después tocó una campanilla y entró el joven caballero. El señor Kenge se dirigió a él llamándolo Guppy[17], y le preguntó si las maletas de la señorita Summerson y el resto del equipaje «ya se habían llevado». El señor Guppy dijo que sí, que se habían llevado, y que estaba esperándonos un coche para llevarnos también a nosotros en cuanto quisiéramos.
—Entonces —dijo el señor Kenge, dándonos la mano—, sólo me queda expresar mi gran satisfacción al ver (¡tenga usted buen día, señorita Clare!) que lo dispuesto para el día de hoy está concluido y (¡tenga usted muy buen día, señorita Summerson!) mi gran esperanza de que todo ello sea conducente a la felicidad (¡ha sido un placer conocer a usted, señor Carstone!), el bienestar y el progreso en todos los órdenes, de todos los interesados. Guppy, encárgate de que todos lleguen a buen fin.
—¿Dónde está ese «fin», señor Guppy? —preguntó Richard mientras bajábamos la escalera.
—Aquí al lado —dijo el señor Guppy—, justo en Tavies Inn, ya saben.
—Yo no puedo decir que lo sepa, porque soy de Winchester y no conozco Londres.