Casa desolada
Casa desolada El señor George queda totalmente confuso ante el espectáculo que se extiende a su vista periódicamente cuando contempla el interior del coche por la ventanilla que tiene a sus espaldas, al ver que la sombría Judy permanece todo el tiempo inmóvil y que el anciano caballero, con la gorra tapándole un ojo, no hace más que resbalar de su asiento hacia el montón de paja, y con el otro ojo no cesa de mirarlo, con la expresión impotente de alguien a quien hacen sufrir todos los baches.