Casa desolada
Casa desolada Hay un trocito del suelo que ha ardido, quedan las cenizas de unos papeles quemados, pero que no parecen tan frágiles como es habitual, pues parecen estar empapadas de algo, y aquà está eso: ¿se trata de los restos de un tronco quemado y roto de madera, lleno de cenizas blancas, o de algo de carbón? ¡Qué horror, es él! Es eso de lo que echamos a correr, de forma que se nos apaga la vela y salimos a trompicones a la calle; eso es todo lo que lo representa a él.
¡Socorro, socorro, socorro! ¡Vengan aquÃ, por el amor del Cielo!
Vendrán muchos, pero nadie puede aportar socorro. El Lord Canciller de la plazoleta, fiel a su tÃtulo hasta el final, ha muerto como mueren todos los Lords Cancilleres de todos los Tribunales, y todas las autoridades de todas las partes, se llamen como se llamen, en las que se actúa con falsedad y se cometen injusticias. Dad a la muerte el nombre que Vuestra Alteza quiera, atribuidla a quién queráis, o decid que hubiera podido impedirse de un modo u otro, pero seguirá siendo eternamente la misma muerte: congénita, innata, engendrada en los humores corruptos del propio cuerpo viciado, y nada más… La Combustión espontánea, y ninguna otra de las muertes por las que se puede perecer.