Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad El Tiempo —que me ha procurado la última parte de este relato y al que tengo el placer de conocer desde hace unos treinta y cinco años— me informó, apoyado cómodamente en su guadaña, de que Michael Warden nunca volvió a marcharse y que nunca vendió su casa, sino que la abrió de nuevo, la mantuvo como un dorado ejemplo de hospitalidad, y que tuvo una esposa, el orgullo y el honor de aquella campiña, cuyo nombre era Marion. Pero, dado que ya he observado que de cuando en cuando el Tiempo confunde los hechos, apenas sé qué peso otorgar a su autoridad.