Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad Cuando en el campo la última y trémula luz del día se extinguía al final de las alamedas, y los árboles, con la copa arqueada, se veían hoscos y negros. Cuando en parques y bosques los altos y húmedos helechos, el musgo empapado, los lechos de hojas caídas y los troncos de los árboles se perdían en masas de sombra insondable. Cuando la bruma se alzaba de las acequias, y del pantano, y del río. Cuando las luces de todos los viejos salones y de las ventanas de las casas de campo formaban una alegre estampa. Cuando el molino se detenía, el ruedero y el herrero cerraban sus talleres, la barrera de portazgo se bajaba, el arado y la grada se dejaban en la soledad de los campos, el labrador y la yunta volvían a casa, y el sonido del reloj de la iglesia se volvía más grave que al mediodía, y el portillo del cementerio cerraba para no volver a abrir aquella noche.