Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad La mención del entierro de Marley me lleva de vuelta al punto en el que empecé. No cabe duda de que Marley estaba muerto. Es algo que debemos comprender con total claridad, pues de lo contrario nada habría de extraordinario en la historia que me dispongo a relatar. Si no estuviésemos plenamente convencidos de que el padre de Hamlet había muerto antes del inicio del drama, nada habría en su paseo nocturno por las murallas, con viento de levante, más singular de lo que habría en cualquier otro lugar expuesto al viento —el cementerio de San Pablo, pongamos por caso— para sobresaltar el débil espíritu de su hijo.
Scrooge nunca borró el apellido del viejo Marley. Allí seguía años después, sobre la puerta del almacén: «Scrooge y Marley». Por tal nombre era conocida la firma. Los no familiarizados con ella unas veces se dirigían a Scrooge como Scrooge y otras como Marley, pero él respondía en ambos casos. Le era indiferente.
