David Copperfield
David Copperfield Naturalmente, yo entonces no comprendÃa que aquello era una alusión a su supuesta experiencia con el pobre Pidger; pero, por la seriedad con que la señorita Clarissa asentÃa con la cabeza, me di cuenta de que las dos ancianas concedÃan una gran importancia a esas palabras.
–Las inclinaciones ligeras de las personas muy jóvenes… y las llamo ligeras, en comparación con unos sentimientos tan profundos –prosiguió la señorita Lavinia–, son como el polvo al lado de las rocas. Y es tan difÃcil saber si son susceptibles de durar o si tienen una base sólida que mi hermana Clarissa y yo hemos estado muy indecisas, señor Copperfield y señor…
–Traddles –exclamó mi amigo, al darse cuenta de que le miraban.
–Usted perdone. Estudiante de Derecho, ¿no es as� –dijo la señorita Lavinia, echando un vistazo a mi carta.
–En efecto –contestó Traddles, ruborizándose.