David Copperfield
David Copperfield Estábamos en Westminster. Habíamos tenido que volver sobre nuestros pasos para seguir a Martha, cuando nos dimos cuenta de que venía hacia nosotros; y, a la altura de la abadía de Westminster, la joven se alejó de las luces y del bullicio de las calles principales. Empezó a andar tan deprisa cuando se vio libre del doble flujo de transeúntes que iban y venían del puente, y nos había sacado ya tanta ventaja, que no logramos alcanzarla hasta llegar a una estrecha callejuela que seguía el curso del río en Millbank.[97] En ese momento, como si quisiera huir de las pisadas que oía cada vez más cercanas, la joven cambió de acera y, sin mirar atrás, aceleró aún más la marcha.
La vista momentánea del río, a través de un sombrío soportal donde guardaban los carros durante la noche, pareció detener mis pasos. Toqué en silencio el brazo de mi compañero, y los dos desistimos de cruzar y la seguimos desde el otro lado de la calzada; con el mayor sigilo posible y entre las sombras de las casas, pero sin alejarnos de ella.
