David Copperfield
David Copperfield Trabajé de firme en mi libro, sin dejar que interfiriera en el puntual cumplimiento de mis deberes de estenógrafo; y se publicó y obtuvo un gran éxito. No dejé que me aturdiesen los elogios que resonaban en mis oídos, aunque fui muy consciente de ellos, y estoy convencido de que nadie tenía mejor opinión de mi obra que yo. He observado siempre en la naturaleza humana que el hombre que tiene buenas razones para creer en sí mismo jamás presume delante de los demás para que también crean en él. Por ese motivo, conservé la modestia por simple dignidad; y cuanto más me elogiaban, más esfuerzo hacía por merecer los elogios.
No tengo intención de contar en este relato, aunque en todos los demás aspectos esenciales sea mi memoria escrita, la historia de mis obras de ficción. Ellas hablan por sí solas, y las dejo en libertad para hacerlo. Si las menciono, ocasionalmente, es sólo porque forman parte de mi evolución.
Como para entonces tenía algunas razones para creer que la naturaleza y las circunstancias habían hecho de mí un escritor, seguí mi vocación con confianza. De no haber tenido esa seguridad, estoy convencido de que la hubiera abandonado; y habría puesto todas mis energías en alguna otra ocupación. Habría tratado de descubrir lo que la naturaleza y las circunstancias habían hecho de mí, para ser eso, y nada más que eso.
