David Copperfield
David Copperfield Me sentía terriblemente solo y abatido, y la ausencia de Ham me inquietaba mucho más de lo que hubiera sido lógico esperar. Los acontecimientos de los últimos tiempos me habían afectado más de lo que yo creía; y haber estado tantas horas expuesto a la furia del viento me había dejado bastante aturdido. Mis recuerdos y mis pensamientos estaban tan enmarañados que había perdido toda noción del tiempo y del espacio. De modo que, si hubiera salido a la calle, no creo que me hubiese sorprendido encontrar a una persona que yo supiera con certeza que estaba en Londres. Para decirlo de otro modo, mi cerebro sentía una extraña indiferencia hacia esa clase de cosas; aunque se hallaba, al mismo tiempo, muy activo con todos los recuerdos que el lugar despertaba en mí, y que eran especialmente claros y vívidos.
En ese estado, me apresuré a asociar, de forma inconsciente, la triste noticia que acababa de darme el camarero sobre los barcos con mi preocupación por Ham. Lo cierto es que temía que volviera de Lowestoft por mar y naufragase. Y esa angustia empezó a atormentarme de tal modo que decidí volver al astillero antes de cenar y preguntar al dueño si creía posible que Ham regresara en barco. En caso de que existiera la menor posibilidad, iría a Lowestoft para impedirlo y lo traería conmigo.