David Copperfield
David Copperfield Recurrí humildemente a Aquél a quien Agnes me había encomendado; busqué en la naturaleza, y jamás lo hice en vano; y volví a abrir mi corazón al resto de los hombres, de los que en los últimos tiempos me había apartado. No tardé en tener casi tantos amigos en el valle como en Yarmouth; y cuando me marché a Ginebra, antes de que llegara el invierno, y regresé en primavera, su cordial bienvenida me resultó muy familiar, a pesar de que hablaran otro idioma.
Trabajaba desde primeras horas de la mañana hasta muy tarde, paciente y duramente. Escribí un libro, bastante inspirado en mi propia vida, y se lo envié a Traddles, que consiguió que lo publicaran en condiciones muy ventajosas; no tardaron en llegarme noticias de cómo crecía mi fama, gracias a los viajeros con los que casualmente me encontraba. Después de un tiempo de reposo y cambio, empecé a trabajar, con el mismo ardor que antaño, en una nueva idea que se había adueñado de mi imaginación. A medida que avanzaba en la ejecución de aquella tarea, más me apasionaba y más energías concentraba en ella. Era mi tercera obra de ficción. Estaba a medio escribir cuando, en un intervalo de descanso, se me ocurrió regresar a Inglaterra.