David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

LXI Me enseñan a dos interesantes penitentes


Mientras terminaba mi libro, en el que habría de trabajar aún varios meses, me instalé en casa de mi tía en Dover; y allí, delante de la ventana desde la que había contemplado la luna sobre el mar, la primera vez que encontré refugio bajo aquel techo, proseguí tranquilamente mi trabajo.

Fiel a mi propósito de hablar de mis obras de ficción sólo cuando se relacionen incidentalmente con el desarrollo de este relato, no detallaré las aspiraciones, alegrías, inquietudes y triunfos de mi arte. He dicho ya que le dedicaba todo mi entusiasmo y ponía en él toda la energía de mi alma. Si mis libros tienen algún valor, ellos dirán el resto. Y si no lo tienen, ese resto no interesará a nadie.

De vez en cuando iba a Londres para perderme entre su bullicio o consultar algún asunto con Traddles. En mi ausencia, había administrado mi fortuna con gran sensatez; y mi situación económica prosperaba. Como mi notoriedad vino acompañada de una enorme cantidad de cartas de personas que no conocía –misivas que, por lo general, no decían nada y resultaban muy difíciles de contestar–, acordé con Traddles poner mi nombre en su puerta. Era allí donde el servicial cartero de la zona entregaba el montón de cartas que me dirigían; y donde, de vez en cuando, yo bregaba con ellas, como un ministro del Interior sin sueldo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker