David Copperfield
David Copperfield Y llego al final de mi relato. Vuelvo la vista atrás, por última vez, antes de cerrar estas páginas.
Me veo a mà mismo, con Agnes a mi lado, andando por el camino de la vida. Nos rodean nuestros hijos y nuestros amigos; y, a medida que avanzo, oigo el estruendo de muchas voces que no me son indiferentes.
¿Qué rostros distingo con más claridad entre esa muchedumbre pasajera? Aquà están, vueltos hacia mà cuando se lo pregunto a mis pensamientos.
Veo a mi tÃa, con gafas más gruesas; una anciana de más de ochenta años, tan erguida como siempre y capaz de andar seis millas de un tirón en pleno invierno.
Siempre a su lado, veo a Peggotty, mi vieja y bondadosa niñera; también lleva gafas, y todas las noches saca sus labores a la luz de la vela, sin olvidar jamás el pedacito de cera, la cinta de medir en su pequeña cabaña y el costurero con la catedral de Saint Paul pintada en la tapa.
