David Copperfield
David Copperfield Steerforth era también muy considerado conmigo; y asà lo demostró, en cierta ocasión, con tanta firmeza que sospecho que sus palabras fueron para Traddles y para el resto de los muchachos un verdadero suplicio de Tántalo. La carta que Peggotty me habÃa prometido (y que supuso un gran consuelo para mÃ) llegó a las pocas semanas de iniciarse el semestre, acompañada de un bizcocho rodeado de naranjas y de dos botellas de licor de primavera. Coloqué estos tesoros a los pies de Steerforth, como era mi deber, y le pedà que los repartiera.
–Te diré una cosa, pequeño Copperfield –exclamó–. Guardaremos el licor para remojarte el gaznate mientras cuentas historias.