David Copperfield
David Copperfield Paso por alto cuanto ocurrió en el internado hasta que llegó el dÃa de mi cumpleaños, en el mes de marzo. Lo único que recuerdo es que admiraba más que nunca a Steerforth, quien iba a abandonar Salem House al final del semestre, o quizá antes; por ese motivo, se mostraba más alegre e independiente que antes, lo que, a mis ojos, aumentaba su encanto. El importante suceso que marcó esa época de mi vida parece haber borrado todo lo demás, y perdurar solo en mi memoria.
Me cuesta creer que existiera un paréntesis de dos meses entre mi regreso al internado y la llegada de ese cumpleaños. Y si admito este hecho es porque sé que fue asÃ; de otro modo, estarÃa convencido de que no hubo el menor intervalo, y que un acontecimiento vino a pisar los talones del otro.
¡Qué bien recuerdo el tiempo que hizo ese dÃa! Puedo oler la niebla que nos envolvÃa; vislumbro la escarcha entre la bruma; siento cómo mis frÃos y húmedos cabellos rozan mis mejillas; veo ante mà la clase con algunas velas encendidas para iluminar la oscura mañana; y las vaharadas de los muchachos se elevan en espiral, en medio de aquel frÃo intenso, mientras soplan las puntas de sus dedos o golpean el suelo con los pies.
Fue después del desayuno; acabábamos de entrar en clase, cuando el señor Sharp apareció.
