David Copperfield
David Copperfield La primera decisión que tomó la señorita Murdstone, cuando el día de la ceremonia hubo pasado y las ventanas de la casa se abrieron nuevamente para que entrara la luz, fue despedir a Peggotty y anunciarle que tenía un mes para marcharse. Estoy convencido de que, por mucho que le disgustara seguir a su servicio, Peggotty habría preferido quedarse conmigo a la mejor colocación del mundo. Ella misma me dijo que teníamos que separarnos, y me explicó el motivo; los dos fuimos muy sinceros al expresar nuestra pena.
En lo que se refiere a mí o a mi porvenir, nadie pronunció una sola palabra ni dio el menor paso. Creo que se habrían sentido muy felices si hubieran podido despedirme, avisándome con un mes de antelación. En una ocasión, hice acopio de todo mi valor y pregunté a la señorita Murdstone cuándo regresaría al internado; me contestó secamente que no creía que yo fuese a volver allí. Y eso fue todo. Yo estaba deseoso por saber qué planes tenían para mí, y Peggotty también; pero ninguno de los dos consiguió averiguar nada.
